Vidas en el asfalto
3 Comments Published by Miriam junio 5th, 2010 in Mascotas Domesticas, Noticias, Opinion
Quiénes cogemos el coche cada dÃa para ir a trabajar podemos decir que nos hemos encontrado más de una vez con un animal vagando por la carretera. La semana pasada se me cruzo un gato y hace unos meses un galgo, los pude esquivar dando el volantazo correspondiente, llegue al trabajo con la espina clavada pensando en el futuro que les espera a esos pobres animales y a tantos que son abandonados. Cuando volvà a pasar, ninguno de los dos estaban en el mismo lugar ni por la misma carretera. Hoy he leÃdo esta opinión en Lne y realmente os recomiendo que dediquéis unos minutos a leerla y luego dejéis vuestra opinión, el autor es Francisco GarcÃa Pérez:
” Casi atropello a un perro en el viaducto de Fontecha, en la AutovÃa de la Plata, en la provincia de León, en una reciente mañana de mayo, con 33º de temperatura exterior. Vi el volantazo del coche que me precedÃa, di mi propio volantazo, esquivé por un pelo al infeliz, pero tuve tiempo de ver su cara, los ojos de aquel setter condenado a muerte inminente, en medio de la calzada, aguardando el fatal despiste de otro conductor o el golpe de calor definitivo que lo acabase, como su lengua ansiosa mostraba. Por ello, porque mal duermo desde entonces con la imagen de ese perro, en ese instante tan fugaz como permanente va a ser para mÃ, no quiero largarles un rollo sobre la bondad canina. Quiero hablarles del Mal.
No es fácil matar a un perro abandonándolo en una autovÃa. Es muy complicado. Requiere planificación, conjura familiar, alevosÃa, decisión para el crimen, ausencia total de escrúpulos, cobardÃa infinita, amoralidad más que inmoralidad, desprecio por la vida de ese animal y de los animales humanos que, como yo, estuvimos en un tris de comernos la barandilla del puente y quedar allà secos. Requiere ser malo de una pieza, requiere estar poseÃdo por el Mal. Me gustarÃa que imaginasen la escena: un canalla decide que su animal estorba, que molesta, que ya no sirve. Hay que eliminarlo. No hay valor para darle matarile cara a cara, ni tiempo para acogerlo en una perrera. Entonces, logrado el acuerdo de su familia y de sus allegados (que no preguntarán qué ha sido del perro, que mirarán para el lado de los cómplices silenciosos del verdugo), el grandÃsimo miserable decide exponerlo a una muerte segura. Pero no es fácil: hay que subirlo al coche con engaños (los perros olfatean las catástrofes); hay que ponerse al volante consciente de lo que se va a hacer; hay que estacionar el vehÃculo; bajar a quien tantas veces nos dio lametones de cariño, a quien aguardaba nuestra llegada a casa como la gran fiesta del dÃa; escapar raudo; no mirar por el retrovisor; pararse a tomar una cervecita, quizá con unas gambitas, unas aceitunitas, con la conciencia adormilada aunque se acabe de cometer un crimen.
Porque ése es el quid del asunto. La maldad nace, se reproduce en los cerebros podridos y se manifiesta de muchas abominables maneras. Pero el Mal es siempre el mismo. Quien decide abandonar a un perro exponiéndolo a varios tipos de muerte atroz, con todo el minucioso trabajo criminal que conlleva, es perfectamente capaz de cualquier cosa.
Ese tipo es un enfermo grave, que precisa tratamiento inmediato, con reclusión, sin duda. Hay que protegerse de él, hay que protegerse del Mal encarnado en un sádico que desprecia la vida de sus semejantes, a quienes expone a un accidente mortal, y de un perro que, sin duda, lo miró tantas veces como se mira a un dios. Mucho cuidado con él, con ella, con ellos, con ellas. Son gente mala, esencial y completamente mala, capaz de perpetrar cualquier horror. No es fácil matar a un perro. Se precisa antes el largo proceso de convertirse dÃa a dÃa, paso a paso, en un acabado y grandÃsimo hijo de puta.“
fuente: Lne
Etiquetas:abandon, adoptar, animal, asfalto, mascota, noticia, Opinion, vida
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3 Responses to “Vidas en el asfalto”
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excelente artÃculo.